miércoles, 8 de agosto de 2007

Ineficacia del plan B

Y cuando falla el plan, ese que has estado organizando toda la vida, ese que lleva en tu horno cociendo a fuego lento, con todo el mimo necesario -aunque hay que decir que a veces no-, añadiendo las especias que creías necesarias para que el sabor del asado fuera el deseado, pues va y se fastidia todo porque un factor -o varios de ellos- no calculado hace saltar el diferencial de tu red eléctrica y se va al garete el asado y todo lo que va ligado a él. Ya no habrá degustación, ya no habrá cena romántica a la luz de la vela con esa música de The Eels que habías preparado, ya no habrá charla agradable y distendida ni vino tinto en la copa con el que brindar por una larga vida.
Y es que el plan ha fallado.
Y cuando las aguas vuelven a recorrer su cauce tras la inundación, el paisaje a cambiado. No hay plan y lo que es peor, el plan B no puede sustituir al inicial donde todo se había preparado con mimo y ¿por qué no?, amor.
Y mientras llamo a Telepizza para poder cenar, lloro y pataleo de rabia ante la incompentencia de la compañía eléctrica que ha arruinado mi plan. Lloro de rabia, de desesperación, de angustia. Inundo mi ser de dolor porque es la respuesta rápida y sencilla ante unos hechos que no estaban previstos y que nos hacen perder momentos de placer. Esos momentos en los que morimos con ellos cuando desaparece la persona con la que los disfrutamos. Lloro porque ha muerto parte de mi en ese asado que tanto tiempo he preparado y no podré degustar.

No me apetece el plan B. No me apetece nada. Se me han ido las ganas de comer.

1 comentario:

cabohe dijo...

Joer joven....

Casi hem fas plorar a mi i tot... amb lo que jo soc
Anims i a aprofitar les vacences que encara et queden!!!