
Ámbar delicioso, fulgurante renaciente esmeralda. No puedo reprimir una emoción de ternura cuando tus ojos de poderosa seducción salvaje atraviesan mi mirada. Tu inesperada llegada humilde y huérfana se tornó rápido en viveza y distracción, movimiento delirante y simpática payasada infantil. Atenta de sentidos alertados, preparada para la caza, vivo lenguaje de símbolos corporales, corres rampante, rabiosa y erizada o te deslizas sutil cual pluma balanceada por la leve brisa. Acaricia voluntario tu sedoso manto gris a quien pretendes seducir, artista lujuriosa ávida de tu ilimitado espacio interior. Armada para la lucha, escondes tus cuchillos o muestras los dientes en el ritual que representa el mismo juego de la vida: ser cruel depredador antes que incrédulo depredado.
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