jueves, 30 de agosto de 2007
Estirpe
Renacer en otro límpido punto tempo-espacial, nuevo amanecer en renovado caparazón. Vivir otra densa autoconciencia y del vario mundo enclaustrador. Otro paisaje interior, páramo desolado, idénticos problemas reales. Los atávicos genes viajeros que conformaron los antecedentes lo seguirán haciendo incansablemente hasta que el abismo del vacío rompa la delicada cadena de la trascendencia y su oscuridad invada definitivamente el ser. Primero vida, luego sólo muerte. Lucha despiadada precede al definitivo descanso. Es el ciclo ininterrumpido desde alfa hasta omega. El camino sin retorno, no hay opción, no hay elección. Tú eres yo, yo soy tú, padre e hijo a la vez. Estirpe del ser.
Tempus fugit
No hay tregua ni descanso.
Excesiva cercana percepción.
No existe refugio. Nada que hacer.
Un día cualquiera sucumbirás.
Excesiva cercana percepción.
No existe refugio. Nada que hacer.
Un día cualquiera sucumbirás.
martes, 21 de agosto de 2007
La matanza o de cómo derribé al mito.

Victorioso, eufórico y testosterónico. Así se podría definir el estado en que me encontraba tras el último gran asalto, la última batalla contra mi enemigo en la que las últimas sangres manaban a borbotones de mi incansable subconsciente. Y el acto valío la pena pues no hay victoria más sólida y hermosa que la que nace producto de mil batallas combatidas, mil heridas sufridas, una detrás de otra sin descanso, afligidas con duro carácter espartano y religiosa resignación. Mil fueron, como ejército de mil estandartes al viento, mil caballeros acorazados todos dispuestos para la Santa Guerra. Cruzada militar donde las artes castrenses marcan los días y sus descansos, la muerte y el olvido consciente de la vida. Donde las hogueras prenden nuestro carácter ególatra y nos hacen más humanos, más cercanos a nosotros mismos porque, en definitiva, es a nosotros mismos a quien nos enfrentamos en encarnizados combates cuerpo a cuerpo. Sable amenazador sobre las cabezas, violento estacazo, derriba, rompe y cercena carnes y huesos, mana y salpica sangre y otros humores sobre más sangre y más humores, y restos sobre restos. Al final sólo el sudor, el cansancio y el gesto de la angustia reprimida a golpe de la misma necesidad de sobrevivir marcan la jornada. El golpe certero ha sido decisivo y ahora sí puedo llamar al descanso definitivo en este baluarte de sacrílega lucha infernal, porque hemos vencido. Hemos sobrevivido al espíritu del frio y duro guerrero fantasmal de la Hipnagogia que cada noche nos acecha en la oscuridad. Acecha allá donde la luz teme llegar y el espacio se convierte en tenebroso y denso pavor. En ese punto de la obligada linea del tiempo en que nuestra conciencia pretende prevalecer sobre todo pero las circunstancias le son terriblemente hostiles y la química de la sucia guerra corporal prende como fuego en granero aislándonos en una húmeda tumba, enterrados en vida sin voz ni movilidad, sujetos al azar de la perversidad de nuestra mente. Pero ha finalizado esa etapa de cruel mandato despótico. A partir de ahora, cruel enemigo hipnagógico, te reconoceré cada vez que llegues, cada vez que asomes las armas aliado de la oscuridad, te reconoceré porque conozco tus reglas y me adelantaré a tus rudos y previsibles movimientos relegándote allá de donde has salido, al oscuro e inhóspito rincón húmedo del olvido.
domingo, 19 de agosto de 2007
El arte de Euterpe
Cargada debes estar, cálido amor mio, de esa sustancia mística que en los templos consagrados la llaman Serotonina. Será sangre de otra hermana tuya, oh musa mia, digo yo, pues cosas divinas de esta categoría no se nos está permitido disfrutar a los simples mortales. No te vence a ti el sueño, Euterpe, cuando el espeso manto añil cubre la luz y sofocados quedan los lamentos de aquellos que soportan día a día el duro, afilado y áspero tacto del látigo solar. No te vence tampoco la lujuria desenfrenada, pues tu arte musical permite que dure nuestro juego hasta bien casi entrada la mañana. Luna y estrellas testigos son, amada musa mia, y la lechuza no lo calla sino que lo aclama con su canto sincopado y lo esparce suavemente la fresca brisa norturna, y allí vuela. Aliento de mi idea, combustible de mi ser, mi musa, el código y sostén de mi placer.
A mi criatura solar y flor campestre, Euterpe en este textículo.
A mi criatura solar y flor campestre, Euterpe en este textículo.
sábado, 18 de agosto de 2007
Se vistió de Korat

Ámbar delicioso, fulgurante renaciente esmeralda. No puedo reprimir una emoción de ternura cuando tus ojos de poderosa seducción salvaje atraviesan mi mirada. Tu inesperada llegada humilde y huérfana se tornó rápido en viveza y distracción, movimiento delirante y simpática payasada infantil. Atenta de sentidos alertados, preparada para la caza, vivo lenguaje de símbolos corporales, corres rampante, rabiosa y erizada o te deslizas sutil cual pluma balanceada por la leve brisa. Acaricia voluntario tu sedoso manto gris a quien pretendes seducir, artista lujuriosa ávida de tu ilimitado espacio interior. Armada para la lucha, escondes tus cuchillos o muestras los dientes en el ritual que representa el mismo juego de la vida: ser cruel depredador antes que incrédulo depredado.
jueves, 9 de agosto de 2007
Huella indeleble
Necesito más que quiero olvidarte. El peso de tu recuerdo se me hace insostenible y me obliga a sobrecargar mi humana capacidad del vivir cotidiano. Ese ejercicio fácil a vista de todos que supone llevar las riendas del propio carruaje se me atraviesa de repente y se convierte en vertiginosa y mortal travesía. ¿Cómo deshacer los correajes que me sujetan a ese fardo?, ¿cómo borrar tu huella indeleble de mi mente?, ¿cómo evitar imaginarte en cada situación, en cada instante de zozobra?
Tendré que acostumbrarme al doloroso sentimiento de llevarte muy dentro sabiendo que ya no me perteneces. Tendré que acostumbrarme a ver tu huella y no recordar a fuerza de querer, quien la dejó. Tendrá que morir parte de mi en vida para seguir viviendo la otra parte hasta la muerte. Y quizá entonces tu huella y mi castigo por recordarte se reconcilien.
No es muerte
sino mayor castigo
saberte cerca
pero tan lejana conmigo.
Tendré que acostumbrarme al doloroso sentimiento de llevarte muy dentro sabiendo que ya no me perteneces. Tendré que acostumbrarme a ver tu huella y no recordar a fuerza de querer, quien la dejó. Tendrá que morir parte de mi en vida para seguir viviendo la otra parte hasta la muerte. Y quizá entonces tu huella y mi castigo por recordarte se reconcilien.
No es muerte
sino mayor castigo
saberte cerca
pero tan lejana conmigo.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Ineficacia del plan B
Y cuando falla el plan, ese que has estado organizando toda la vida, ese que lleva en tu horno cociendo a fuego lento, con todo el mimo necesario -aunque hay que decir que a veces no-, añadiendo las especias que creías necesarias para que el sabor del asado fuera el deseado, pues va y se fastidia todo porque un factor -o varios de ellos- no calculado hace saltar el diferencial de tu red eléctrica y se va al garete el asado y todo lo que va ligado a él. Ya no habrá degustación, ya no habrá cena romántica a la luz de la vela con esa música de The Eels que habías preparado, ya no habrá charla agradable y distendida ni vino tinto en la copa con el que brindar por una larga vida.
Y es que el plan ha fallado.
Y cuando las aguas vuelven a recorrer su cauce tras la inundación, el paisaje a cambiado. No hay plan y lo que es peor, el plan B no puede sustituir al inicial donde todo se había preparado con mimo y ¿por qué no?, amor.
Y mientras llamo a Telepizza para poder cenar, lloro y pataleo de rabia ante la incompentencia de la compañía eléctrica que ha arruinado mi plan. Lloro de rabia, de desesperación, de angustia. Inundo mi ser de dolor porque es la respuesta rápida y sencilla ante unos hechos que no estaban previstos y que nos hacen perder momentos de placer. Esos momentos en los que morimos con ellos cuando desaparece la persona con la que los disfrutamos. Lloro porque ha muerto parte de mi en ese asado que tanto tiempo he preparado y no podré degustar.
No me apetece el plan B. No me apetece nada. Se me han ido las ganas de comer.
Y es que el plan ha fallado.
Y cuando las aguas vuelven a recorrer su cauce tras la inundación, el paisaje a cambiado. No hay plan y lo que es peor, el plan B no puede sustituir al inicial donde todo se había preparado con mimo y ¿por qué no?, amor.
Y mientras llamo a Telepizza para poder cenar, lloro y pataleo de rabia ante la incompentencia de la compañía eléctrica que ha arruinado mi plan. Lloro de rabia, de desesperación, de angustia. Inundo mi ser de dolor porque es la respuesta rápida y sencilla ante unos hechos que no estaban previstos y que nos hacen perder momentos de placer. Esos momentos en los que morimos con ellos cuando desaparece la persona con la que los disfrutamos. Lloro porque ha muerto parte de mi en ese asado que tanto tiempo he preparado y no podré degustar.
No me apetece el plan B. No me apetece nada. Se me han ido las ganas de comer.
Ambigua y delicada expresión
Y es cierto que cuando uno pretende expresar una idea lo tiene crudo. Crudo en el sentido de difícil digestión, porque a veces se atragantan las palabras y quedan los matices en ese espacio interdental a salvo de la digestión mental. Y me pregunto por qué no resulta tan sencilla la expresión como su concepción mental. Allá arriba, donde las neuronas se bañan en su caldo químico y se gratifican con descargas eléctricas unas a las otras participando en una orgía de impulsos, se crea la imágen de la percepción por un lado, o la imágen de la concepción de la idea por otro, compuesto de imaginación, intuición, memoria, deducción... complicado alambique donde el elixir destilado merece una etiqueta con todos los matices. Y son esos matices a los que me refiero. La idea nacerá sin más, con garbo y salero o sin ellos, con más o menos originalidad, pero el matiz habrá que fabricarlo con tesón y cuidado, pues será lo que a la postre, nos cualifique como óptimos emisores. Pero dicho esto, vuelvo a la cuestión: ¿por qué cuesta tanto darle el matiz y acertar con precisión en la expresión de nuestros pensamientos?
Por eso y ante esta dificultad, pretendo intentar homenajear la intención de la comunicación inteligente, esa que a falta del justo matiz emisor, goza de la empatía del receptor, factores ambos que contrarrestan carencias y que, entre uno u otro, ayudan al difícil arte del entendimiento entre las personas.
Por eso y ante esta dificultad, pretendo intentar homenajear la intención de la comunicación inteligente, esa que a falta del justo matiz emisor, goza de la empatía del receptor, factores ambos que contrarrestan carencias y que, entre uno u otro, ayudan al difícil arte del entendimiento entre las personas.
jueves, 2 de agosto de 2007
Bienvenido a La Platja...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
