sábado, 19 de diciembre de 2020
Lo que la Luna oculta
Una pequeña vela encendida y con un sutil aroma a vainilla, situada en el centro de la mesa, ilumina y configura tenues sombras danzantes sobre el mantel. Unos platos blancos de fina cerámica, unos estilizados cubiertos de plata española y unas copas de cristal de Bohemia aguardan su cometido como los actores en el escenario esperando a que se levante el telón. Una botella de vino tinto recién descorchada permanece, esparciendo los efluvios taninos delicadamente junto a la vainilla de la vela, junto a las copas vacantes.
Todo está dispuesto.
La sensible iluminación de la vela sobre la mesa apenas deja entrever el entorno. Realmente el entorno no tiene importancia. Un día como el de hoy requiere centrarse en la esencia y no aceptar distracciones ajenas.
Una oscuridad cerrada rodea el área de terreno iluminada por la vela, alrededor de la mesa. Mis ojos no son capaces de ver más allá de la zona de penumbra a escasos 6 metros de distancia. Junto al área de penumbra, el límite visual, se funde con la inmensidad espacial y abismal. Este nuestro espacio está cubierto por una increíble cúpula, una bóveda impresionantemente negra salpicada de pequeños puntos brillantes que conforman las constelaciones que, a medida que observo, voy reconociendo. Ahí está la Osa mayor, inconfundible, y ella me lleva hasta la menor donde localizo la estrella Polar, la quasi-eterna guía del norte. Recorro las otras costelaciones, Cassiopea, Perseo... Creo distinguir los brazos de Andrómeda, rotando en su eterno viaje, poco más allá Capella y llego hasta Betelgeuse, la bella de Orion, donde aprecio la nebulosa en contínua transformación bajo su cinturón.
El estallido cercano y repentino de un meteorito me devuelve de mi paseo estelar. Estoy en el centro del cráter, uno de tantos como hay en el lado oscuro de la Luna, donde he montado la mesa para cenar. Es frecuente y habitual, en este lado de la Luna, poder contemplar la belleza fugaz y fulgurante de los meteoritos. Algunos caen y golpean la superfície, estrellándose y originando un cráter de tamaño relativo a su masa. Otros pasan rozando la superfície a toda velocidad elevando cortinas de polvo y produciendo un sonido similar al silbido agudo, incluyendo su efecto Doppler. Otros pasan más alejados y dejan ver tras de sí una leve cola de diferentes colores que ornamentan el adusto firmamento. De todas formas, entre todos ellos y el rozamiento de los diferentes campos de Higgs cercanos a la Luna, consiguen producir una melodía cósmica magistral que se eleva por encima del abrumador silencio del vacío estelar.
El sonido ligero y acompasado de unos pasos en la negra grava arenosa que cubre el suelo me obliga a dirigir mi atención en esa dirección. No distingo nada. La oscuridad es ciertamente densa y total desde donde me encuentro, junto a la mesa.
Oigo los pasos acercarse pausadamente y me entrego a una dulce y casi desesperada impaciencia.
Al fin, de la más absoluta oscuridad, veo aparecer en el área de penumbra unos zapatos negros de tacón que cubren unos pies blancos y la parte inferior de unas piernas estilizadas. A medida que se aproxima a la luz, la visualización se amplia y va dejándose ver, como por arte de magia. Al ritmo de sus piernas delgadas cubiertas por el vestido ceñido de color rojo, se acerca a mi posición. El vestido que por sus movimientos y textura parece de seda, va meciéndose al ritmo de sus caderas. Éste dibuja y moldea una cadera delicada y una cintura fina rodeada por un estilizado cinturón de piel negra, y sube por un vientre plano hasta un escote discreto que deja entrever el arranque del fino cuello y la parte superior de sus pechos. De las cortas mangas estilo japonés surgen sus delgados brazos blancos que flanquean un cuerpo delicioso y le dan movimiento pendular al conjunto. El escote sirve de marco para lucir un sencillo collar de perlas alrededor del cuello. Los largos cabellos morenos con algún reflejo caoba limitan su sonriente rostro hermoso. Sus ojos, cuyo color varía en función de la luz recibida, se clavan en los míos y me hablan de confianza. Su nariz esculpida bajo la norma de la escuela de escultura florentina es la más bella que pudiera poseer su cara. Sus labios, ligeramente entreabiertos mostrando sus incisivos blancos, me hablan de confidencias.
Me acerco a ella. Su sonrisa crece y así la mía. No son necesarias las palabras pues nos lo sabemos todo y, a pesar de ese todo, siempre hay cosas nuevas por intuir. Nuestro pensamiento se enlaza y comunica. Nos fundimos en un abrazo entero, sin fisuras, sin dudas. Nos sentimos plenamente. Sólo sentimos, nos sentimos. Al cabo de una eternidad que se nos ha hecho breve, nos separamos para ir a sentarnos y ocupar nuestro sitio en la mesa, frente a frente. Escancio vino en su copa primero, en la mía después. Brindamos por todos nuestros tiempos y bebemos.
¿Por qué aquí?, me pregunta. No importa el lugar -digo yo-, no importan ni el espacio ni el tiempo. Qué más daría en el profundo fondo abismal de un gran océano o en la inclemente superfície ardiente y magmática del Sol? La esencia somos nosotros, tú y yo, nuestras sensaciones, no el lugar en que suceden las cosas. Estamos fuera del orden del espacio y del tiempo.
Nuestras miradas hablan de sensaciones y percepciones, de creencias y opiniones, de pasado que siempre ha sido presente y del presente que está condenado a ser pasado. El futuro nos lo revelará, quizá, alguno de estos meteoritos procedentes de lo más oscuro del espacio.
En los platos, sobre la mesa, van apareciendo deliciosos manjares a medida que vamos dando buena cuenta de ellos y vamos saboreando con placer inusitado. El vino es blanco o tinto dependiendo del plato. Entre copa y bocado, nuestras risas se esparcen ocupando todo el espacio iluminado por la vela de aroma a vainilla. Nuestros ojos se funden en una mirada. Nuestros labios se ansían. Sabemos que pronto seremos uno. A medida que nos deleitamos con la comida, veo como su rostro va cambiando poco a poco, convirtiéndose cada vez en el rostro de una de las mujeres que he amado a lo largo de mi vida. Todas están comprendidas y todas son necesarias. Charlamos y nos reímos de nuestras experiencias.
No sabría decir con cual de los platos he disfrutado más. Cada uno de ellos contenía su propia esencia: su aroma particular, su textura, su sabor... todos diferentes y deliciosos. Ni sobraba ni faltaba nada.
Toda la esencia del Universo está ahí comprendida, en esa cena espectacular en un cráter del lado oscuro de la Luna.
martes, 24 de noviembre de 2020
Papá, siempre papá.
:
Ayer por fin, tras tu siesta de mediodía, después de tres años de encarcelamiento, pudiste sentirte desencadenado. Nos dejas tristeza tras tu liberación, cuando en realidad deberíamos celebrar el sublime momento. Las lágrimas que vertemos están cargadas de nuestros recuerdos sobre ti, tus hechos, tus palabras, tus manías y virtudes de las que ya no dispondremos más. También están cargadas, las mías, de tristeza por no haberte dicho nunca lo importante que has sido en mi vida, lo agradecido que estoy por haberme enseñado las cosas que, con tu ejemplo, he aprendido.
No hará falta ya que te saques el carnet de conducir, ni tu mujer, mi madre, como me dijiste la semana pasada, que os hacía falta y que no sabías que coche ibas a comprarte, pero que tenías tiempo para decidirlo. Ahora tienes todo el tiempo a tu disposición. Te irás a Granada de viaje, como también querías, y fumar todo lo que desees que, puñeteras, las asistentas que te han cuidado este último año te han mantenido el tabaco a raya.
Gracias, papá, siempre pendiente de mamá, hasta el último momento. ¡Qué lección me has dado! ¡Cuántas! tendría que decir. En tu humildad absoluta, ¡qué grande has sido, papá! Y lloro ahora de rabia porque no te lo he sabido decir.
Te has liberado del yugo de la demencia senil que tenía secuestradas tu lucidez y memoria. Recuerda ahora, aprovecha, y revive ligero los primeros pasos atropellados y pícaros que dabas en el Albaicín, corriendo cuesta abajo o por los tejados con tus compañeros de correrías. Recuerda y revive los momentos atrevidos y valientes para ti, y de profunda preocupación para tu madre, cuando arrastrabas fardos de tabaco en las maletas de viaje para vender en Loja cuando el contrabando era la única manera de sobrevivir para los tuyos; recuerda y revive cuando emigraste a Barcelona buscando una vida mejor, cuando el servicio militar te envío a Mallorca y conociste a tu mujer, mi madre. Recuerda como tu suegro no daba su brazo a torcer frente a la desconfianza que le daba un forastero. Cómo os fuísteis, dejando toda la comodidad de lo conocido, familia y amigos, a buscar vuestra suerte a Inglaterra. Lo poco que duraste como operario en una funeraria y cómo regresaste a tu profesión de cocinero. Dos hijos en Inglaterra y uno más tras el regreso a la tierra marital. Recuerda y revive tus días en Bunyola, levantando paredes, sembrando cebolletas, haciendo paellas los domingos rodeado de tu familia y mucha alegría, mucha, y siempre activo, siempre incansable.
Hombre alegre, superviviente, fuerte y profundamente familiar. Tu religión ha sido la familia, guiada con tu orgullo de sangre caliente, tu honor de hombre de palabra, marido y padre que vive y muere por los suyos. Hombre de valores sencillos pero puros y honestos.
Nunca fuiste un hombre de letras. Jamás el mundo académico representó un atractivo aliciente para ti. Pero tampoco eso ha sido un obstáculo para darme a conocer, no con tus palabras sino con tu ejemplo, el valor del orgullo, del honor y que por ser humilde no te resta valentía y coraje frente a la vida, sino lo contrario, te da fuerza para seguir en la lucha. No solo me has dado la vida sino que me has dado todo lo que has tenido a tu alcance, todo lo que has podido, sin pedir nada a cambio.
Me alegro por tu liberación. Siempre estarás en mi recuerdo. Por siempre nuestro. Siempre incansable, descansa ahora, por fin, papá.
viernes, 1 de mayo de 2020
Sobre l'essència de la vida
A diari, la naturalesa ens regala lliçons.
Ens xerra, entre d'altres coses, del fictici i il·lús que pot arribar a ser el dia a dia de la nostra realitat. D'aquí es despren el convenient afinar de les nostres eines intel·lectuals per ser capaços de dilucidar-la i no anar errats donant tombs i pals a l'aire.
sábado, 21 de marzo de 2020
La celda
El tiempo es recluso, como el espacio
no es espacio libre, en mi celda, en mi tiempo,
el espacio cerrado es tiempo oscuro
Oscuro es el momento en que vivo
como quien vive en la celda oscura
oscuro espacio de tiempo muerto en mi celda oscura
muerto en vida con hálito yerto
Desolado pensamiento recorre mi celda
fría y oscura, sin tiempo ni vida
yerma orografía en un espacio yerto, mi celda
oscura y fría, mi espacio muerto
Tiempo y espacio muertos en óbita vida
oscura muerte de tiempo presente
espacio recluso en pensamiento obtuso
se cierne sobre mi espacio oscuro en tiempo presente
Amargo trance de mente oscura
de demente recluso en tiempo presente
sin espacio de cura en mi celda oscura
muerte yerma en vano espacio crudo destino.
lunes, 2 de marzo de 2020
El laberinto
miércoles, 12 de febrero de 2020
Pena infinita
Tu mirada que bailaba siempre inquieta, hoy anda lenta y perdida.
Tu gesto antaño alegre y cordial es una mueca de impotencia y vacío.
Tus palabras concretas e incisivas han tornado huecas y sin atino.
No tienes un final apoteósico, alegre ni memorable sino que, como la mecha de una vela, vas atenuándote y consumiéndote hasta que, pronto, un leve hálito sordo deje un hilo de humo gris en el aire denso, triste y frío.
Añoranza de alegres gritos infantiles, voces paternales y risas sin freno. Tierno sol primaveral y aroma a fruta madura, a cocina. Melancolía de la seguridad del hogar. Motas de polvo a contraluz flotando en el aire fresco y vivo de la habitación. Cuán inconsciente la alegría de un tiempo ilimitado. Tú estabas allí. Siempre estarás.



