:
Ayer por fin, tras tu siesta de mediodía, después de tres años de encarcelamiento, pudiste sentirte desencadenado. Nos dejas tristeza tras tu liberación, cuando en realidad deberíamos celebrar el sublime momento. Las lágrimas que vertemos están cargadas de nuestros recuerdos sobre ti, tus hechos, tus palabras, tus manías y virtudes de las que ya no dispondremos más. También están cargadas, las mías, de tristeza por no haberte dicho nunca lo importante que has sido en mi vida, lo agradecido que estoy por haberme enseñado las cosas que, con tu ejemplo, he aprendido.
No hará falta ya que te saques el carnet de conducir, ni tu mujer, mi madre, como me dijiste la semana pasada, que os hacía falta y que no sabías que coche ibas a comprarte, pero que tenías tiempo para decidirlo. Ahora tienes todo el tiempo a tu disposición. Te irás a Granada de viaje, como también querías, y fumar todo lo que desees que, puñeteras, las asistentas que te han cuidado este último año te han mantenido el tabaco a raya.
Gracias, papá, siempre pendiente de mamá, hasta el último momento. ¡Qué lección me has dado! ¡Cuántas! tendría que decir. En tu humildad absoluta, ¡qué grande has sido, papá! Y lloro ahora de rabia porque no te lo he sabido decir.
Te has liberado del yugo de la demencia senil que tenía secuestradas tu lucidez y memoria. Recuerda ahora, aprovecha, y revive ligero los primeros pasos atropellados y pícaros que dabas en el Albaicín, corriendo cuesta abajo o por los tejados con tus compañeros de correrías. Recuerda y revive los momentos atrevidos y valientes para ti, y de profunda preocupación para tu madre, cuando arrastrabas fardos de tabaco en las maletas de viaje para vender en Loja cuando el contrabando era la única manera de sobrevivir para los tuyos; recuerda y revive cuando emigraste a Barcelona buscando una vida mejor, cuando el servicio militar te envío a Mallorca y conociste a tu mujer, mi madre. Recuerda como tu suegro no daba su brazo a torcer frente a la desconfianza que le daba un forastero. Cómo os fuísteis, dejando toda la comodidad de lo conocido, familia y amigos, a buscar vuestra suerte a Inglaterra. Lo poco que duraste como operario en una funeraria y cómo regresaste a tu profesión de cocinero. Dos hijos en Inglaterra y uno más tras el regreso a la tierra marital. Recuerda y revive tus días en Bunyola, levantando paredes, sembrando cebolletas, haciendo paellas los domingos rodeado de tu familia y mucha alegría, mucha, y siempre activo, siempre incansable.
Hombre alegre, superviviente, fuerte y profundamente familiar. Tu religión ha sido la familia, guiada con tu orgullo de sangre caliente, tu honor de hombre de palabra, marido y padre que vive y muere por los suyos. Hombre de valores sencillos pero puros y honestos.
Nunca fuiste un hombre de letras. Jamás el mundo académico representó un atractivo aliciente para ti. Pero tampoco eso ha sido un obstáculo para darme a conocer, no con tus palabras sino con tu ejemplo, el valor del orgullo, del honor y que por ser humilde no te resta valentía y coraje frente a la vida, sino lo contrario, te da fuerza para seguir en la lucha. No solo me has dado la vida sino que me has dado todo lo que has tenido a tu alcance, todo lo que has podido, sin pedir nada a cambio.
Me alegro por tu liberación. Siempre estarás en mi recuerdo. Por siempre nuestro. Siempre incansable, descansa ahora, por fin, papá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario