jueves, 31 de enero de 2008
Ascensión al punto cenital...
...o de cómo no perderse de vista. Y es que, en mi caso, me pierdo con facilidad.
Esto no es más que una reflexión que hago en abierto, una cadena de pensamientos en voz alta para que el efecto autoconcienciativo sea superior. El fin es, básicamente, abrir mis ojos y verme desde arriba, situado en mi entorno, interactuando con lo que me rodea, con la gente, las circunstancias, las cosas...
Pensándolo bien, creo que también puede ser útil a aquellos que se encuentran en situaciones similares y les ayude a adquirir un punto de vista sobre sí mismos diferente al habitual, lo que siempre es bueno. Analizarnos y juzgarnos con diferentes criterios y con la sana intención de mejorarnos.
Estoy escuchando el suave y limpio sonido de la guitarra eléctrica lamentándose, la percusión marcando la cadencia del ritmo lento, la melancólica armónica que me sume en un estado de comunión, la voz masculina desgarrada del cantante de The Eels, y quisiera estar en un bar nocturno de esos que nos resultan familiares, donde estás a gusto, te sientes bien y suena tu música, donde has perdido el control alguna vez, donde has bailado liberándote de todas tus cargas, donde has llorado pérdidas y también has gritado eufórico de alegría, donde has besado a quien amabas y donde ahora mueres lentamente hundido, con pocas ganas para seguir.
Ahora escondería mi conciencia detrás de las copas de vodka para poder llorar, para sacar los puñales que ahogan mi ser, para gritarle al mundo pidiéndole motivos. Y es que uno cae en ese punto donde nada es lo que parece, y lo que parece no es. Ese estadio rutinario de abandono donde todo da un poco igual, donde la esperanza se llena de polvo y la proximidad del ajeno se vuelve áspera. La lánguida mirada hueca, la voz seca y distante, el gesto huraño y el poco trato espinoso. No son maneras pero, ¿qué más da?
Ahora se me ocurre pensar en la borrachera como un grito desesperado de auxilio. Si estamos sobrios, el papel social que representamos y la máscara que nos ponemos cada día al levantarnos, nos obligan a mantenernos dentro de unos parámetros de dignidad aceptables: soy fuerte y potente mental, física y emocionalmente. Soy capaz de superar todas las trabas que se me pongan delante. Soy óptimo y eficaz en el trabajo. Pero, ¿a quién quiero engañar? A estas alturas y con estas tonterías. Lo contrario, me dice mi subconsciente, es ceder ante la competencia, es derrumbarse ante las dificultades. Es una muerte precoz por resignación, por ceder ante el empuje de la vida. Aceptarse tal como uno es significa conformarse. Y eso no acabo de verlo positivo. Creo que va a ser un punto por el que siempre voy a tener que luchar por aclarar. Razón y pasión eternamente peleadas.
Es en estos momentos de delirio, de baile de ideas, de razonamientos confusos, cuando llego a la conclusión de que necesito escalar, subir al cielo, verme libre de mis apegos para saber qué está pasando. Llega un momento, quizá impulsado por mi ángel guardián, que necesito vitalmente salir de esa situación que atora el ánimo.
Tras la decisión recupero el terreno perdido y cedo ante el sosiego, dejándome llevar por las ideas que me atribulan y se agitan dentro. Quizá sea la serenidad del momento lo que me permite encaminarlas. Es en ese punto, como saliendo de entre las densas nubes montado en un globo aerostático, cuando se nota la cálida caricia de la luz del sol y el abrazo fresco del aire que te deja respirar hondo, como queriéndo atrapar en tu interior ese espíritu de la naturaleza renovado, y uno se da cuenta de hasta qué punto estaba cubierto y aprisionado por sus fantasmas y por las cadenas de la rutina.
Necesito la ascensión para localizar mi turbio cuerpo y su densa mente ofuscada, allá en un punto determinado del espacio y en la linea del tiempo. Verme tumbado en el mundo y decidir por qué me he de levantar, por lo que vale la pena luchar, por lo que merece que siga siendo yo. Desde arriba uno ve con perspectiva. No es sólo el verse a sí mismo sino el trayecto hacia donde encaminarse.
Es por eso que me escribo: no olvides subir de vez en cuando, aunque sea para respirar aire fresco, a tu punto cenital. No olvides quien eres y qué haces.
Escrito hoy, para Foroseparados.com, con especial intención.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario