Siento intensa tu cálida y suave piel. Caricias sin tiempo, sin exterior.
Recorro muy despacio con mis ojos táctiles tu pradera primaveral, tu relieve delicado, íntimo, extasiada mi visión frente al paisaje paradisíaco del Edén.
Retenidos los sonidos armónicos brevemente por la memoria esclava del deseo, se eriza la piel ante la agradable sorpresa del que espera con paciencia y decisión. Fusión.
Comulgamos y nos fundimos en una conciencia básica sin norma, sin más dioses, sin más humanos. Manos que se entrecruzan y se buscan buceando en el mar del placer.
Yacer con los sentidos enervados a la espera de las campanadas de fiesta y la nada que envuelve nuestros cuerpos porque es la coraza del todo que encerramos en nuestros besos.
Besos y más besos, labios húmedos, arriba y abajo, va y ven. Tú y yo, sincronía universal.
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