
Vasto páramo desolado partido en panorama mellizo por el yermo camino de fino polvo albino. Inmensidad asfixiante y claustrofóbica, inabarcable en la mirada e infinito de dramas minerales. Allí donde se cruzaba el oido con el tacto aparecía la caravana del Sirco Pobre, precedida por el tintineo de cientos de campanillas de farándula barata y ventas milagrosas, tapices, ropajes y cortinas roídos por el tiempo y la fauna de amplio espectro. Sobre la vaga mula que arrastraba la carreta de tu tío iba el macho patán, que no cesaba en su intento de haser felís el viaje con sus chistes que lloraba el diablo y emparanoiaba al mismo dios del cielo azúl que pinta los cuentos centroeuropeos de hadas y salvajes. Y a voz de reclamo requería toda atención de circenses y allegados. Unos reían por no llorar mientras otros se sacudían el polvo a la vez que, de manera osada, otro remaba alrevés en ese mar de polvo que todo lo envolvía. Uno contaba las exhuberantes ganancias frotándose las manos mientras otro las gastaba en inversiones irreales comprando futuras armas para combatir en las batallas que se desenvolvían en los rizos solares al que el Sirco Pobre acudiría para dar cobijo a las ilusiones de miles de guerreros y combatientes mercenarios entre otras alimañas que se desarrollaban en el más allá. Todos asincopados celebraban cada paso, increible por lo que de sensato carecía, y se demoraban en llegar a algún lado por temor a que no fuera el idolatrado o por miedo a sí mismo.Y allá iba el Sirco Pobre, funcionando por azar sin matemática posible pues no había números sino letras carcomidas del pasado. Oxidado engranaje funcionando por la inercia que ejercen las fuerzas naturales a su paso por la linea del tiempo. Y más allá, sigue el vasto albino páramo infinito, destino inexorable del Sirco Pobre.
Escrito el 19 de mayo de 2006 para Sirco Pobre.
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