sábado, 20 de mayo de 2006
Comando Seta
Ese día gris todo iba mal. No es que fuera mal porque fuera gris, no. De hecho, los días más grises y los menos grises no iban mejor. De todas formas, no quita que ese día gris las cosas fueran mal. Estaban mal encarriladas. Alguien desde fuera podría pensar: "-Vaya día neguitoso". Pero desde dentro, sabiamos que era un día más, del montón de días que acarreamos en los hombros cada año, a lo largo de la vida. Sabiamos, los de dentro, que el vagón jamás se había encarrilado y que siempre estaba en el andén a la espera. O quizá, ni siquiera a la espera... sencillamente estaba, que ya era mucho analizando las circunstancias. Pues sí, gris. Perláceo, grafito, antracita o lignito, negro al 42,5 por siento de opasidad, oye. Bájalo un poco, 41,9%. Comando seta. Así, oye. ¿Dónde ehtamos?, -en el photoshop, decía el de turno. ¡Ah!, desía él. Y así transcurría la vida, entre opacidades de color en pantalla y transparencias y matices en la calle.
Qué grandeza, qué poderío, qué fiesta y qué libre albedrío de segunda mano te proporciona el comando seta. Quiero, de mayor, antes de llegar a ese estado que permite la autocontemplación sincera, hacerme un comando seta.
Escrito el 20 mayo 2006 para el Sirco Pobre
viernes, 19 de mayo de 2006
El engranaje desdentado del Sirco Pobre

Vasto páramo desolado partido en panorama mellizo por el yermo camino de fino polvo albino. Inmensidad asfixiante y claustrofóbica, inabarcable en la mirada e infinito de dramas minerales. Allí donde se cruzaba el oido con el tacto aparecía la caravana del Sirco Pobre, precedida por el tintineo de cientos de campanillas de farándula barata y ventas milagrosas, tapices, ropajes y cortinas roídos por el tiempo y la fauna de amplio espectro. Sobre la vaga mula que arrastraba la carreta de tu tío iba el macho patán, que no cesaba en su intento de haser felís el viaje con sus chistes que lloraba el diablo y emparanoiaba al mismo dios del cielo azúl que pinta los cuentos centroeuropeos de hadas y salvajes. Y a voz de reclamo requería toda atención de circenses y allegados. Unos reían por no llorar mientras otros se sacudían el polvo a la vez que, de manera osada, otro remaba alrevés en ese mar de polvo que todo lo envolvía. Uno contaba las exhuberantes ganancias frotándose las manos mientras otro las gastaba en inversiones irreales comprando futuras armas para combatir en las batallas que se desenvolvían en los rizos solares al que el Sirco Pobre acudiría para dar cobijo a las ilusiones de miles de guerreros y combatientes mercenarios entre otras alimañas que se desarrollaban en el más allá. Todos asincopados celebraban cada paso, increible por lo que de sensato carecía, y se demoraban en llegar a algún lado por temor a que no fuera el idolatrado o por miedo a sí mismo.Y allá iba el Sirco Pobre, funcionando por azar sin matemática posible pues no había números sino letras carcomidas del pasado. Oxidado engranaje funcionando por la inercia que ejercen las fuerzas naturales a su paso por la linea del tiempo. Y más allá, sigue el vasto albino páramo infinito, destino inexorable del Sirco Pobre.
Escrito el 19 de mayo de 2006 para Sirco Pobre.
miércoles, 17 de mayo de 2006
El incestuoso Macho Patán
Pavor. Eso es lo que respiraba, notaba, olía, palpaba, intuía el día que, entrando en la quasi-inquebrantable espesura densa y húmeda de la jungla santamariera, pude oir por primera vez, el aullido, el grito ultratúmbico, la voz del metafísico inhumano y siempre enemigo de lo conocido, como llanto quejicoso, enfermizo y angustiado en una dolorosa muerte atroz y sin compasión. Era el reclamo del siempre insatisfecho y paranoide macho patán: "¡¡Uh uh uooh uooooyeeeeeee!!" repetido una y otra vez hasta la pérdida de conciencia, hasta la desaparición del cénit intelectual que nos aporta vida en la penumbra de las pasiones. Era, en definitiva, el despropósito humanizado y perverso de quien arrebata la salud para hundirse en el abismo de lo intangible, incoherente y anacoluto.
Fue a partir de ese crudo momento en que percibí la realidad santamariera, cuando tomé la decisión de actuar. Pero eso forma parte del futuro.
Escrito el 17 de mayo de 2006 para Sirco Pobre
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