Inspiro, expiro...
Mientras respiro, siento el firme abrazo de la marmólea escalera que ligeramente me comprime. Puedo notar su pulso, su roce, su mirada furtiva...
Inspiro mientras subo indiferente a quienes entran y los desplazo arriba, abajo... Expiro mientras bajo y la veo. Su baranda torneada y pulida me invita a la caricia. A veces, en la planta noble, la miro con descaro. Es allí donde despliega su erótica elegancia, su desnudez escondida, su candor enamoradizo que me invita. Ella lo sabe, sé que lo sabe y juega a ignorarme. A veces, cuando subo despistado, veo que me mira de reojo y sonríe, tanto tiempo jugando, tantos roces disimulados.
De noche, cuando el edificio duerme y la luz ausente descansa, noto su respiración cercana, sobretodo en invierno en que el aire se hace más espeso, denso y sonoro. Me gusta sentirme rodeado por ella, tan quieta y delicada, hermosa, la intuyo tumbada a mi lado.
Sueño entonces que me despojo de mis cables y guías, y avanzo acercándome a su primer peldaño, en la planta noble, y con intenso amor la piso con cuidado, la siento tanto, y la subo suavemente, y la oigo jadear complacida, después bajo con paso delicado, y poco antes del amanecer, agotado de tanto éxtasis, caigo a su lado agradecido y embelesado.
Otro día más inspiraré y expiraré, y al enseñorearse la oscuridad volveré a soñarte.
Mientras respiro, siento el firme abrazo de la marmólea escalera que ligeramente me comprime. Puedo notar su pulso, su roce, su mirada furtiva...
Inspiro mientras subo indiferente a quienes entran y los desplazo arriba, abajo... Expiro mientras bajo y la veo. Su baranda torneada y pulida me invita a la caricia. A veces, en la planta noble, la miro con descaro. Es allí donde despliega su erótica elegancia, su desnudez escondida, su candor enamoradizo que me invita. Ella lo sabe, sé que lo sabe y juega a ignorarme. A veces, cuando subo despistado, veo que me mira de reojo y sonríe, tanto tiempo jugando, tantos roces disimulados.
De noche, cuando el edificio duerme y la luz ausente descansa, noto su respiración cercana, sobretodo en invierno en que el aire se hace más espeso, denso y sonoro. Me gusta sentirme rodeado por ella, tan quieta y delicada, hermosa, la intuyo tumbada a mi lado.
Sueño entonces que me despojo de mis cables y guías, y avanzo acercándome a su primer peldaño, en la planta noble, y con intenso amor la piso con cuidado, la siento tanto, y la subo suavemente, y la oigo jadear complacida, después bajo con paso delicado, y poco antes del amanecer, agotado de tanto éxtasis, caigo a su lado agradecido y embelesado.
Otro día más inspiraré y expiraré, y al enseñorearse la oscuridad volveré a soñarte.

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