lunes, 28 de octubre de 2019

La escalera




Inspiro, expiro...

Mientras respiro, siento el firme abrazo de la marmólea escalera que ligeramente me comprime. Puedo notar su pulso, su roce, su mirada furtiva...

Inspiro mientras subo indiferente a quienes entran y los desplazo arriba, abajo... Expiro mientras bajo y la veo. Su baranda torneada y pulida me invita a la caricia. A veces, en la planta noble, la miro con descaro. Es allí donde despliega su erótica elegancia, su desnudez escondida, su candor enamoradizo que me invita. Ella lo sabe, sé que lo sabe y juega a ignorarme. A veces, cuando subo despistado, veo que me mira de reojo y sonríe, tanto tiempo jugando, tantos roces disimulados.

De noche, cuando el edificio duerme y la luz ausente descansa, noto su respiración cercana, sobretodo en invierno en que el aire se hace más espeso, denso y sonoro. Me gusta sentirme rodeado por ella, tan quieta y delicada, hermosa, la intuyo tumbada a mi lado.
Sueño entonces que me despojo de mis cables y guías, y avanzo acercándome a su primer peldaño, en la planta noble, y con intenso amor la piso con cuidado, la siento tanto, y la subo suavemente, y la oigo jadear complacida, después bajo con paso delicado, y poco antes del amanecer, agotado de tanto éxtasis, caigo a su lado agradecido y embelesado.

Otro día más inspiraré y expiraré, y al enseñorearse la oscuridad volveré a soñarte.

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