viernes, 30 de septiembre de 2016

Talaiot II

Con ojo avizor he divisado muy a lo lejos, por fin, la serpiente multicolor que conforman unos trescientos o cuatrocientos piratas de variopinta vestimenta y armamento, descendiendo por un sendero que discurre escondido por el inclinado pinar hacia la costa cada vez más cercana. Seguramente allí, en una recóndita cala tranquila a buen resguardo, están fondeadas las naves piratas esperando el regreso de los asaltantes.
Aprieto la marcha animando a Qun que se retrasa, agotado y resoplando, a falta el aliento, mientras Ashir contempla preocupado el grueso del grupo de sarracenos que avanza rápido a través del bosque.
En la ladera opuesta aparece un grupo más numeroso de guerreros descendiendo veloces hacia los piratas. De lejos no reconozco a qué clan pertenecen, pero nos serán de gran ayuda. Elevo el brazo en señal de saludo y bienvenida mientras descendemos raudos la ladera opuesta a la suya, ambos en pos de la misma pieza.
- Hay que darles caza. Hay que detenerlos antes de que embarquen -les digo.
- Son muchos, no podemos luchar contra todos ellos -replica Ashir.
- Con el otro clan, podremos intentarlo. Quizá haya más gente que no vemos desde aquí persiguiendo a los piratas. Hay que intentarlo, Ashir.
Avanzamos rápido entre la maleza esquivando ramaje y ya puedo escuchar las imprecaciones de los piratas más rezagados y los gritos y lamentos de aquellos a quienes llevan encadenados. Avanzo rápido agazapado en paralelo por encima del sendero por donde va el grupo. Ashir me sigue y Qun también lo hace, a mayor distancia.
Oigo los rápidos pasos y el crujir de ramas que provoca el avance del clan que se acerca por el otro costado. Cada vez más cerca, siento como el pulso se me acelera. Me recoloco la corta espada empuñada fuertemente en la mano izquierda mientras con la derecha preparo la jabalina. Sigo avanzando rápido esquivando ramas, algunas me hieren la cara, cuando a poco más de cincuenta pasos consigo ver la retaguardia de los piratas, avanzando a trompicones empujándose unos a otros. Nos vamos acercando rápidamente cuando a menos de diez pasos de distancia de ellos, uno de ellos se percata de nuestra presencia y da la voz de alarma. Un grupo de cuatro sarracenos se detiene y empuñan sus armas en el momento que saltando por encima de un matorral que nos separa caigo sobre el primero con la jabalina atravesándole la clavícula mientras con la espada detengo el golpe que me ha lanzado su compañero inmediato. Caemos al suelo pero no doy tiempo a que me ensarten, saltando hacia un costado propinándole un corte con la espada al cuello de un tercero mientras otro pirata cae con la jabalina de Ashir clavada en el pecho. En ese momento se incorpora a la batalla el clan que descendía frente a nosotros con mucho estrépito, entre gritos y armas arrojadizas, mientras otro grupo numeroso de piratas ha retrocedido para hacernos frente.
La mayoría de piratas no se espera a hacernos frente en la batalla sino que, más bien al contrario, corren hacia la cala, unos para no arriesgarse a perder la vida en la batalla, otros para no perder el botín acumulado en sus razias. Desde lejos, un grupo de arqueros lanza flechas para deterner nuestra embestida.
Sigo avanzando ahora lentamente, parando los golpes o esquivándolos, gritando e intentando herir si no matar a quien se me ponga delante. Desde atrás, un duro espadazo me hiere el antebrazo que me obliga a soltar mi espada. La rápida intervención de la espada de Qun que se introduce profunda en el costado de mi atacante, me libera unos segundos. A duras penas puedo volver a sujetar mi espada ensangrentada, ahora también con mi propia sangre. En el combate cuerpo a cuerpo es mejor usar ésta a la jabalina, así que intercambio las armas de mano y sigo avanzando, entre los miembros del otro clan que luchan fiéramente, cayendo algunos a causa de las flechas sarracenas que golpean con fuerza, silbando y cortando el aire.
El ambiente está cargado de griterio, la tierra húmeda del sendero se llena de sangre y cuerpos abatidos, gemidos, gritos de dolor, llantos, unos piden compasión pero no la encuentran. A medida que avanzan los clanes hacia los piratas, van acabando con todos, sin dejar uno vivo.
La retaguardia sarracena se ha deshecho y prácticamente eliminado. Una fuerte patadón inesperado en el vientre me detiene y me obliga a arquearme mientras puedo evitar con la espada un fiero golpe de hacha que me propina un corpulento y oscuro sarraceno. Una flecha se clava en su pierna mientras una jabalina que llega desde detrás de mi posición, se le clava en el vientre y, al agacharse, es mi espada que le alcanza el cuello. Cae de bruces y paso sobre él para continuar la carrera hacia la cala. No hay nadie más que me oponga resistencia. Me siguen de otros clanes, además de Ashir. No he conseguido ver a Qun en un rápido vistazo hacia atrás. Corro y me doy cuenta de la importancia de la herida de mi brazo. Sangro y debería evitar la hemorragia antes de perder demasiada sangre. Estamos llegando a la cala, casi desfallecidos, cuando desde lejos veo que los últimos piratas ya están en los botes aproximándose a las naves que empiezan a izar las velas. Puedo ver a Ixiar, la hija de Nountos, el maestro de obras de nuestro clan, y su madre, con otras mujeres de la aldea, atadas y lamentándose, siendo empujadas de un bote hacia una de las naves. Puedo ver como uno de los niños prisioneros ha saltado por la borda y es saeteado por un guardia desde la cubierta de la nave. Caigo de rodillas sobre la arena, desesperanzado, impotente. Ya no podemos frenar la huida ni detener el secuestro de nuestras mujeres y niños. Junto a mi van llegando otros guerreros que, también impotentes, contemplan como las embarcaciones empiezan a coger distancia mientras el viento infla sus velámenes, desapareciendo poco más tarde por detrás de la línea rocosa de la costa. Poco después, pierdo definitivamente las fuerzas y caigo desmayado desvaneciéndose todo ante mis ojos.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

TEMPUS VÍVERE

Com un incendi golut que amaga el turó
s’aixeca victoriosa i llorejada la llum solar
entebeint el món fins ara sinistre
domini de les fosques bísties selenenites

Surt guanyadora com cada matí del nou dia
lluminaria divina sobre diabòlica foscor
en la seva eterna lluita on el pèndul
puntual e inflexible atorga la victòria
després d’haver-la perdut en caure la nit
batalla infinita entre la llum i la foscor,
batalla sempiterna entre la raó i la passió

S’enfugen esperons i penyals del seu contorn,
pedra aspre, roca inclement, agresiu esquetjar
del seu cobriment pinar, llentiscle i d’alzinar
com extremitats desesperades per enxampar la llum
evadint-se del obscur i incert abisme angoixant

Ocells amb ploma bufada badallen
agraïnt amb xiulets cridaners la vida
mentre fures obscures repten pel bosc
esmunyint-se cap el seu humit amagatall

Guaita un altre dia amb ànim esperançat
Renaixença del nou dia i d’un mateix
amb forces renovades i emprenedores
Som vius, crida al cel la milana,
Som vius, doncs és just ara el moment.