Mi vista se pierde en el añil cósmico. Puntos de luz, cada uno de
ellos una esperanza, titilan y dan forma al vacío que, como un pozo
insondable, amenaza nuestra conciencia. Cosmonauta de viaje rápido y sin
equipaje soy, que con zoom mental me coloco entre nubes gaseosas y una
galaxia que sigue su derrota a la deriva en los campos de Higgs, girando
ella, impertérrita en su danza, desdeñando soberbia y altiva llamaradas
nucleares y estocadas meteoras. Tormenta magnética, impulsora y, a la
vez, freno de vida, elementos del puzzle único de mil configuraciones
posibles y donde la urgencia obedece a su afán de supervivencia. Más
allá ampliará su horizonte y se desparramará lánguida para alimentar
nuevas estrellas que, con fulgor inusitado, iluminarán la marea negra,
vacía y tenebrosa donde el misterio cobra vida propia y mi viaje no
puede continuar.
Desciendo
de esa marea densa y oscura para fundirme a la marea verde, clara y
diáfana portadora de ilusiones y alimentar ligera esperanza con mi
lacónica contribución.
martes, 1 de octubre de 2013
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