martes, 23 de abril de 2024

El tren




Una corriente de aire frío barre el andén donde, sentado en un banco metálico, espero. Con estruendo auditivo llega un tren escupiendo humo. Se detiene y empieza a vomitar gentes que bajan cargados con sus maletas para dar paso a otras que, apresurada y atropelladamente, suben al engendro maquinal. Entre pitidos, silbidos, golpes metálicos y algún que otro grito humano, la serpiente metálica se pone en marcha quejumbrosa y se aleja dejando en silencio el andén.

De tanto en cuando, alguien toma asiento en el mismo banco que yo ocupo. Con algunos, intercambiamos algún saludo; con otros, una mirada. Otros nos ignoramos.

Pasa el tiempo de ese modo. Llegan otros trenes, bajan y suben gentes entre humo y pitidos, maletas, griterío y gente que se sienta, se levanta y se va. Yo, espero. Sigo esperando.

Paso el tiempo sentado en el banco y azotado por la fría corriente de aire, pensando en ese tren que he de coger sin necesidad de llevar equipaje y con billete solo de ida.