Seguro que, justo hasta este momento, no se te había ocurrido sospechar que tu vida peligra. Tu vida peligra, sí.
Podrías cancelar todas tus citas pendientes, todos tus objetivos por cumplir ya sean a corto o largo plazo, no importa, tus quehaceres habituales, cambiar tu rutina…, tanto da, apreciado lector. Lo que hagas o pienses hacer no va a influir en absoluto sobre lo que está a punto de pasarte. Piensa por un momento, reflexiona sobre tus acciones, tanto da si tomaste las decisiones ayer o hace veinte años, tanto da si fueron acertadas o no. Fueron tomadas y es lo que cuenta. Las consecuencias derivadas no perdonan ni olvidan. Son respuestas directas a nuestros actos. Así que, no pierdas el tiempo, reflexiona breve y eficazmente, pues no sabes qué tiempo podrás emplear en ello, y analiza tu situación.
Te ayudaré, no desesperes. Te ayudaré hasta donde pueda llegar. El resto será cuestión de asumirlo, sea lo que sea. Es la Ley y nuestro más sagrado deber el acatarla, aunque no lo sepas o peor, aunque no quieras. No depende de ti. Ni de mi. Te preguntarás cuándo, por qué. Te vendrán a la memoria fragmentos que has intentado ocultar, borrar de la memoria y del registro de los hechos. Amigo, los hechos, junto a los no-hechos, son los que te conforman, los que te describen, los que te han forjado, los que han pintado tu retrato sobre un lienzo blanco absoluto. Tú, sabiéndolo o no, eres el pintor y en la Galería respondes por ello. No quieras esconderte detrás de los arbustos espinosos de tus deseos. Éstos te sugerían alternativas, opciones atractivas que desechaste en su momento, fantasías y cuentos fabulosos. Te dirás, intentando engañarte y engañarme que, al elegir, pensabas que era la única opción que tenías. Me dirás, y te querrás creer, que hiciste lo único que podías hacer en ese momento. Perderás la dignidad suplicando y verás como tus esperanzas se convierten en encendidas espiras volátiles arrastradas por el viento del olvido.
No es el momento de la aflicción, de pesadumbre o de arrepentimiento. Remordimiento, dices, y quieres hacerme creer que te reconcome la conciencia como si tuvieras ratas encerradas en tus vísceras. No, olvídalo. No es ese el camino en estos momentos. No es tiempo de misericordia, clemencia o perdón, ni de caridad, piedad o compasión. Te diré por donde pasa el camino de la absolución, pero tendrás que estar alerta el resto de tu vida, incierta vida, turbia existencia.
No importan mucho el cuándo y el por qué. Fija tu atención en el cómo. Dale las vueltas que creas oportunas, aunque la mirada correcta no la realizarás con los ojos, si eres sagaz. Puedes prescindir de tus sentidos, salvo el de la verdadera percepción y, con eso, te estoy adelantando camino y eliminando muchas trabas. No digas pues, jamás, que no te ayudé.
Siente como animal, pero con la lucidez de la conciencia plena. Brilla como la luz pero con el ardor del fuego. Muévete como el aire pero con la firmeza de la montaña. Piensa con intelecto henchido pero el ego desinflado. Luego has de ser, no existir en el tiempo, pues la materia implica decadencia y tu destino es la inmortalidad.