jueves, 28 de julio de 2016

El bloque

Planta baja. Cuando tu pareja decide poner fin a la relación conyugal en un momento en que tú crees que todo va bien, o como mínimo, no tan mal como para abandonar los objetivos comunes, todo a tu alrededor se convierte en un gigantesco puzzle de cubos que se va desmoronando y cayendo al abismo, contigo incluido, a velocidad ralentizada. No entiendes nada de lo que ocurre, no te explicas los por qué, cómo, cuánto o cuándo. Está sucediendo, simplemente. No te libras de la pesada desesperación que ahora llena el lugar en el corazón que hace poco ocupaba tu amada. El vacío es una bomba que ha explosionado de la nada y se expande vertiginosamente ocupando áreas en tu cerebro que antes tenias ocupadas en otros menesteres. Ahora todo tiembla, todo son dudas, nos hemos empapado de la fina lluvia de la inseguridad y amenaza con oxidarnos. Menudo trance. Quien no ha pisoteado este doloroso camino, no podrá reconocer el desolado paisaje que lo rodea, las angustiosas ideas que pueblan sus cielos, la agobiante atmósfera densa que nos impide respirar normalmente, el pánico a ser los únicos habitantes de este nuevo planeta que se nos antoja inhumano, infernal, sacado de una horrible pesadilla. Primer piso. El dolor es tan intenso... He pasado del estado divino como habitante del cielo, viviendo en la burbuja emocional que supone saberte y tenerte, a estar sumergido de repente, como quien despierta de un sueño, en las corrientes abismales de lava volcánica en las entrañas de la Tierra, sin saber dónde te llevarán, en qué rincón oscuro y olvidado acabarán tus días. Segundo piso. Olvidar. Cuesta tanto intentar olvidarte cuando todo a mi alrededor me recuerda a ti. Cuesta tanto levantarse cada día sabiendo que no estarás a mi lado, que nuestros pensamientos enamorados no se cruzarán en el cielo, cortejándose y haciéndose el amor. Cuesta tanto levantar la mirada. Ático. Tu sonrisa, tu tacto y tu mirada se convierten en alimento para mi alma. Recuerdo que en las ocasiones en que disfruto totalmente contigo, de ti, cuando tomo plena conciencia de nosotros, esas pocas veces que uno piensa que el mundo debería detenerse al momento y vivir eternamente ese instante, pienso que el mundo es breve y que ese estado de gracia no puede alargarse mucho en la linea del tiempo. Tiempo... el soporte de nuestros goces. Sin ese sólido, constante y efímero soporte, la felicidad no tendría sitio dentro de mi, en tu interior, entre tú y yo, entre nosotros y el mundo. Desde la terraza contemplo el horizonte. Tú lo impregnas todo. Mire lo que mire, lo veo a través del afecto y el soporte que significas para mi. Soy yo y tú eres mi circunstancia sobre la que se desenvuelve mi ser. Conformas mi ánimo definiendo mis colores anímicos. Desde arriba miro al horizonte, cielo fresco y despejado. Todo se ve mejor desde el ático, aunque las imágenes que percibimos, frecuentemente pertenezcan al pasado.