Es tarde. Sólo en casa, como viene siendo habitual desde hace algunos
años. Otros días, a estas horas, ya estoy durmiendo pero, hoy, aún
estoy leyendo sentado en la cama unas páginas de una obra de Paul
Auster, Mr Vértigo. Oigo el viento que golpea insistentemente la
persiana. Ha sido un día sin sobresaltos, cargado de rutina en el
trabajo y en casa. Mientras leo, me despisto frecuentemente pensando en
mi próxima entrada en los 50, en lo sosegado que creo encontrarme
generalmente, frente al estado bullicioso, inquieto y caótico hace 10
años, en plena crisis existencial de los 40, que provocó algo más que
una ruptura matrimonial...
A los pies de la cama, en una esquina, sin sobresaltarme, se ha
sentado un ser cubierto por una larga túnica oscura, negra diría, de un
negro tan espeso que aparenta más un agujero en mi visión que el mismo
ropaje, cubierto con una capucha amplia que le cubre la cabeza y parte
de la cara. No lo he visto entrar, tan solo he notado cuando se ha
apoyado y sentado en la cama, frente a mi. Me mira sin decir nada; entre
las sombras, no acabo de ver su gesto, aunque intuyo, cuando se mueve
ligeramente proyectando la poca luz de la habitación, que se asemeja a
mi. Intento fijarme porque me tiene intrigado. No me provoca pánico a
pesar del aspecto, sino paz. Y una enorme curiosidad. Sí, su cara es un
espejo oscuro de la mía, aunque sus ojos, caray, sus ojos, no tiene
ojos, tiene dos cuencas negras llenas de la misma nada sin ser vacío,
dos abismos en la cara. Sin embargo noto su mirada profunda, protectora y
enjuiciadora a la vez; abarca desde la ternura afectuosa hasta lo más
horripilante, cruel e inmundo. No habla hasta que le pregunto, después
de varios minutos de observación.
Yo- ¿Qué haces aquí?
Oy- -largo suspiro, profundo y grave, que confundo con el sonido del viento en el exterior-
Yo- ¿Quien eres?, ¿qué quieres?
Oy- Soy tú mismo aunque, en esta vida me llamas Tánatos.
Yo- ¿Me ha llegado el momento de la muerte?
Oy- Siempre, segundo tras segundo, es momento de muerte.
Yo- Pero no estás ahí, a cada momento, para recordármelo. ¿Por qué ahora sí?
Oy- Puede que hayas olvidado muchas cosas. Estoy aquí para recordarte
lo que ya sabes aunque ahora no seas consciente. Darte aliento y sabiduría
para afrontar la breve vida restante y el consiguiente paso del
desvanecimiento de tu conciencia a la Esencia pura del Ser.
Yo- No me marees, Tánatos. Tras el último hálito de vida y el
desvanecimiento mental, lo único que dejamos es putrefacción corporal y
un vacío inmenso a sabor de pasado que perdura en la memoria de quienes
nos han acompañado. ¿Qué me cuentas de esencias puras? No me marees, va.
Déjame acabar de leer.
- Puedo ver un rastro de decepción en la profunda oscuridad de las
cuencas de los ojos de Tánatos. Pero qué demonios, ¿qué espera de
alguien que ha sufrido una deconstrucción para reestructurarse desde las
bases de pensamiento, donde ningún elemento metafísico cabe, ninguna
reflexión que no proceda del más firme raciocinio basado en las leyes
naturales?
Oy- Tu arrogancia habla desfavorablemente de ti.
Yo- Mira criatura, no me vengas con esas. ¿Te vas a poner moralista
en estos términos?¿Quién eres tú para manejar mis hilos, mi óbito, mi
conciencia?, ¿quién te da derecho y quién te otorga poder sobre mi? Si
hay alguien jerarquicamente sobre ti, mándamelo que ya me las apaño con
él.
Oy- Deja de decir sandeces, menudencia insignificante. ¿Quién te has
creído qué o quién eres? Mi voluntad es suficiente para lanzarte al
abismo de los tiempos, al olvido, al silencio y a la soledad más
terrible y dolorosa que un ser humano pueda concebir. ¿Acaso crees que
tu mente es sencillamente producto del desarrollo físico-químico y una
cuestión de tiempo? Endeble materia la tuya, gusano soberbio engreído.
No eres digno de que la Esencia pura comparta contigo su sabiduría, como
lo hace con todo ser vivo. Es más agradecida una piedra que un botarate
negado y necio como tú. Te mereces el olvido eterno.
Yo- Bueno, bueno. Vale. Quizá me haya excedido en mi perorata.
Reconozco que soy limitado y que necesito soporte para poder visualizar
más allá de mis conocimientos. Disculpa mi presuntuosidad. Quizá sea
producto de la falta de apoyo que he sentido durante mucho tiempo a lo
largo de mi vida...
Oy- Deja de lloriquear. Has tenido lo que te has buscado, lo que has
consentido y lo que te ha tocado. ¿Quién te dijo que la vida era un
campo de rosas?
Yo- Nadie me pidió opinión cuando me trajeron a la vida. No di mi consentimento.
Oy- Sigues necio.
Yo- Me tranquilizaré y... espero que me lo expliques.
Oy- Otros trabajos tengo mejores que hacer que ilustrar a un patán.
Pero un consejo te daré: busca dentro de ti, que es donde tienes las
respuestas. Encuentra la llave y abre la puerta de tu mente antes de
desvanecerte; gozarás de algunos privilegios a tu paso a la Esencia
pura. Quizá no tengas que regresar de nuevo a la materia en busca de la
llave mental, del Conocimiento que genera vida con su flujo energético.
Yo- Entonces, ¿hoy no has venido para llevarme contigo?
Oy- Eres estúpido y me amargarás el viaje. No
te soportaría un minuto más. Quédate y ándate con ojo, Estás avisado de
lo que te espera. Espabila, piltrafa.
Yo- Lo haré.
Conclusión:
Y ahora, pasados unos minutos, ha desaparecido Tánatos, y tras este
breve encuentro, me pregunto hasta qué punto no ha sido más que una
experiencia hipnogógica fruto de las endorfinas cerebrales aliadas con
la primera fase del sueño que induce a alucinaciones.
¡¡Tánatos, Tánatos!! Tú y tus semejantes ya me rendiréis cuentas, si
toca, cuando haya disfrutado la vida, con o sin tu consentimiento y sin
más miras que las derivadas del buen gobierno y criterio, en vida, de mi
vida. La ley la escribo yo con tinta de respeto. Tus historias morales servirán para quienes pisan y viven sobre el miedo. Libertad es
la clave. Libertad es conocimiento de vida. Viviré libre, y eso implica
no tenerte miedo, Tánatos. Mi llave es ésta y abierta está la puerta
para facilitarte la entrada cuando lo desees. Pues con nada llegué y nada me llevaré. Si permanezco de alguna manera, será en el
recuerdo de quienes me hayan conocido.
Y total, ¿para qué?
viernes, 12 de octubre de 2012
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