jueves, 13 de septiembre de 2012
Tormenta final
Ruge el cielo. En poco tiempo ha variado del soleado celeste al oscuro
amenazador. Se rompe la cúpula dejando caer mares de agua desplazando
violentamente hacia los costados el aire que lo circunda. La piel se
eriza y siento el fresco repentino. Noto el olor mineral, la geosmina y el petricor. En mi guarida,
el fuego está a salvo. Afuera, el caos envuelve el entorno, retorciendo
árboles, levantando tierra y hojarasca que, junto a las bolsas de agua
que caen, no dejan ver más allá. Solo las llamas y las sombras
reflejadas en las paredes se mueven dentro. Los truenos y el mugido del
vendaval junto con el estrépito de la incesante lluvia me recogen y
ensordecen. Ha llegado el cruel dios del invierno junto a sus ejércitos
inclemenciales, como cada año, pero éste será diferente. No me someteré.
Esta vez he decidido despojarme de mis prendas físicas para poder
acceder a los campos Elíseos, desde donde combatiré sorprendiendo a las
fuerzas que me atacan año tras año.Esto se va a acabar...
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