viernes, 28 de julio de 2006

La fastigosa rata de claveguera

Se frotaba las manos a la vez que, sentado tras la mesa de su escritorio con la espalda encorvada se encogía en un mezquino rictus de alegría victoriosa, insana y tramposa. Se frotaba las ruínes manos sudorosas mientras analizaba su jugada intentando sacar el máximo provecho de la negociación que llevaba entre manos, creyéndose un alto cargo ejecutivo en una gran empresa con sede en Zurich o, más probablemente, conociendo su dimensión mental, en el Bedford-Stuyvesant neoyorkino. Se frotaba las mancilladas manos y su boca babosa dibujando una falaz sonrisa jadeante y estulta, exhalaba el hedor que sólo los intrépidos y transgresores viajeros que se acercan a los infiernos pueden conocer. Se frotaba las húmedas manos y sus ojos dejaban ver su pútrida alma condenada por la miseria humana después de muchos años de sobrellevar incansables estafas. Se frotaba las asquerosas manos que en otros momentos pudieron haber conocido las caricias y la ternura, pero que habíanse adaptado al medio hostil del que era el incansable cancerbero. Rata inmunda, inhumana y rastrera judía. Y todo eso me invadía y me oprimía mientras negociaba mi contrato laboral buscando un rincón, buscando sobrevivir en la cloaca de la sociedad, donde la necesidad eclipsa el arte y los sentimientos se transfiguran rastreros. Y allí, delante de mi, estaba tu tío, frotándose las encallecidas manos de tanto frotar. Escrito el 18 de mayo de 2006 para Sirco pobre